Lo primero que miramos, porque es lo que más falla
Pedimos tu web haciéndonos pasar por cada motor, uno a uno, con su identificador real: GPTBot, ClaudeBot, PerplexityBot, Googlebot. Y miramos qué código recibe cada uno.
Muchos proveedores de alojamiento bloquean los rastreadores de IA por defecto, sin avisar a nadie. El motor recibe un error, no llega a leer una sola palabra, y tu web sencillamente no existe para él. No es una penalización ni una cuestión de contenido: es una puerta cerrada. Y no se ve desde el navegador, porque a ti la web te abre perfectamente.
Y después, ocho comprobaciones más
- El HTML crudo, sin ejecutar JavaScript: es como te leen. Si el texto solo aparece al pulsar algo, no lo ven nunca.
- Los idiomas: cada uno con su propia dirección y sus enlaces hreflang, o solo se indexa uno.
- Los datos estructurados: qué le dices a la máquina que eres, en su idioma.
- La dirección canónica: que apunte al dominio que de verdad sirve la web, no al que redirige.
- Las páginas que no existen: si todas responden «correcto», el motor no sabe dónde termina tu web.
- El peso y la velocidad de lo que hay que descargar para leer una frase.
- El contenido citable: respuestas directas y preguntas frecuentes, que es la forma que estos motores citan.
- Tu reputación fuera de tu web: qué se dice de tu marca donde tú no escribes, y con qué homónimos te confunden.
Qué recibes, y qué pasa después
Un informe con puntuación y evidencia — la orden exacta que ejecutamos y la respuesta exacta que recibimos, para que nada dependa de que te fíes. Un plan ordenado por impacto, no por dificultad. Y los ficheros ya escritos: robots.txt, mapa del sitio, datos estructurados.
Si la web la llevamos nosotros, lo aplicamos. Si la lleva otro, se lo puede aplicar con lo que entregamos, sin traducir nada.
Y no termina con la entrega: estas configuraciones cambian solas — un proveedor actualiza una política, un motor cambia de identificador. Por eso la revisión es periódica: cada mes la pasamos con una herramienta propia y la leemos nosotros, con aviso inmediato si algo falla, y cada trimestre te llega por escrito si algo ha cambiado — no molestamos por molestar.
